Las Uvas

El otro día vi una noticia en el telediario que quiero compartir y comentar con vosotros. Resulta que la ciudad de Castellón propone cambiar las 12 uvas que nos comemos con las campanadas por 12 gajos de mandarina de la tierra Surprised. A ver, vamos a pensar en lo que decimos que luego estas cosas se nos escapan de las manos. Que está muy bien como idea graciosa para comentar en petit comité, pero nada más.

Imaginaos que la noticia trasciende. Ya estoy viendo a los de Canarias diciendo: “Pues este año proponemos que se coman 12 plátanos con las campanadas, que hay que defender el producto de la tierra”, o los de Galicia lo mismo, pero con 12 vierias. Y los de León con su morcilla! Y de paso, que acompañemos los gajos de mandarina con 12 puntillitas fritas, dirían los de Cádiz. Ya puestos, los de Albacete dirían que si, que todo muy bonito, pero que pelemos las mandarinas, los plátanos o lo que sea sólo con sus cuchillos. Y los de Ávila, que de postre, 12 yemitas de Santa Teresa, para hacer bien la digestión. Y ya se nos fue de las manos.

Por cierto, en Japón en vez de 12 campanadas son 108. Pobre de aquel de Castellón que pase la Nochevieja en el país nipón. Ya me lo imagino: “Mamá, mándame 11 mandarinas que tengo que preparar 108 gajos para las campanadas, y de paso ampliame el seguro sanitario que no sé si saldré de ésta…”

Qué quereis que os diga. A mi lo de las uvas me parece bien, peladas y sin pipos son perfectas para el momento. ¡Feliz 2014!

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Anuncios de Navidad

Llevo días inquieta: ¿dónde están esas mujeres de los anuncios preocupadas por tener la ropa más limpia y blanca de la ciudad, las copas más brillantes sin marcas de agua, el suelo más brillante, por hacer la mejor merienda con el mejor paté o jamón york, o por hacer la cena más rica en el menor tiempo posible?

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¿Y los hombres que anunciaban el Frenadol, el súper coche, o el desodorante que atrae al sexo opuesto como un imán? Eh? ¿Dónde se han metido tod@s?

Yo os lo digo. Se han transformado en pibones y guaperas fornidos, con muchos años menos (y ropa), que se besan y magrean como si no hubiera mañana, y que indican que van a acabar teniendo sexo loco gracias al nuevo perfume de Hugo Boss, de Dior, de Pachá o de la marca que sea. Qué fuerte.

En Navidad no hay ropa sucia, ni niños que cuidar, ni coches que conducir. En Navidad todo es sexo, magreos, morreos, todos y todas se vuelven guapísimos y guapísimas cuyos cuerpos ya no necesitan tomar la pastilla esa que te ayuda a quemar grasas (y eso que en Navidad nos ponemos bien de comer y beber, qué ironía no?). Por no haber no hay ni celulitis, ni caída de pelo, ni arrugas ¡toma ya!

Todo son colonias, juguetes, consolas de vídeo juegos, cafeteras de esas chulas que no ayudan al medio ambiente, luces de colores (menos mal que se cambió el horario allá en octubre para ahorrar en luz… – nótese la ironía-).

Qué bonita es la Navidad, que hace que nos olvidemos de nuestros cuerpos fofos y de la rutina. La Navidad mola, tengo vacaciones y espero que me regalen una colonia para tener ese sexo loco loco Laughing

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Señales Machistas

Nada nuevo aquí. Ya sé que es un tema muy manido, pero hace poco he sido testigo de una “anécdota” relacionada con el tema. Siempre he dicho que las cosas no han cambiado tanto con respecto a lo que se piensa y de dice de la mujer en general y su papel en la sociedad. Este rollo de que las cosas no son como antes, que la mujer es igual que el hombre… pamplinas. Podría entrar en temas profundos sobre diferencias salariales, posibilidad de acceder a puestos directivos y demás, pero no es necesario irse tan lejos para darse cuenta de que seguimos viviendo en una sociedad machista. Ea, ya lo he dicho, moleste a quien le moleste.

“Mujer tenías que ser”. Cuántas veces lo hemos oído, y las que nos quedan. Hace unos días vi cómo un coche parecía tener problemas para ponerse en marcha cuando se abría su semáforo. Estaba el primero de la fila, y le pasó dos veces, imaginaos la cola que se montó, los pitidos, la gente gritando (llegarían tarde a ver a su familia, o peor aún, a ver el partido de fútbol de turno, que drama…). Con suerte vi que el coche en cuestión lo conducía un hombre, y que estaba hablando por el móvil. Caca, eso no se hace. Seguí mi camino a lo largo de la larga fila de coches para, con más suerte aún, oír como un conductor, macho cabrío en su totalidad, que seguro que no llegaba a tiempo para coger el mejor sitio del bar para ver el Ponferradina-Numancia, decía: “seguro que es un tía”, al mismo tiempo que salía de su coche, cual príncipe a rescatar a una princesa, para indicarle a la “tía” en cuestión cómo se arranca un coche. “Pues es un chico el que conduce” le espeté, y le puse la cara más condescendiente que te puedas imaginar, ahí, sin clemencia, sin perdón. “Ahhhh”, contestó el príncipe macho cabrío, y se volvió a meter en su coche.

¿Qué pasa que ya no vas a ayudar?, pensé. Claro, un príncipe no puede ayudar a otro, eso es de mariquitas, de flojos, de hombres de la bolsa de la compra (como decía el Fary).

Chicas del mundo, no os engañéis. Las cosas NO han cambiado. Seguimos viviendo en una sociedad en las que se nos ve inútiles al volante, pero perfectas para ser madres (hace poco he escuchado que si estás contenta y feliz, el principal motivo se debe a que estás embarazada Surprised, dicho por una mujer…me voy a callar lo que pienso, de momento).

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Los increíbles

Sí, me refiero al programa de Antena 3 de los viernes noche. No es que no tenga mejores cosas que hacer, de hecho no lo he seguido, pero he visto lo suficiente para sacar mis propias conclusiones y compartirlas. De nada 😉

Resulta que a este programa han ido personas con habilidades mentales fuera de lo normal (alguna de ellas, porque otras, como se leerá a continuación, se han quedado en habilidades más bien simples) con la finalidad de ganar un dinerito.

Veréis, hubo un par de hombres que decían saber reconocer la temperatura del agua cuando se bañaban… Ummm, que interesante. Me quedo estupefacta… Chatos, esto lo llevan haciendo las mujeres toda la vida metiendo el codo en el agua para comprobar si la temperatura está bien para el baño de sus hijos…

Los IncreíblesOtro caballero decía saber reconocer qué clase de cubierto se había caído al suelo por el ruido que hacía. Y sí, pasó la prueba sin un fallo. Yo ya me imaginaba el proceso. Él: “Cariño, vete tirando al suelo parte de la cubertería de forma aleatoria y yo te voy diciendo lo que es, no me des pistas”. Ella, “¿de qué sirve esto?”, él: “me divierte, y quién sabe, a lo mejor algún día voy a la tele”. Y 5 años después, muchas tardes de domingo y varias denuncias de los vecinos de abajo, él cumplió su sueño y fue a la tele a enseñarnos esta habilidad tan peculiar y… útil?

Pero había gente realmente interesante, la que sumaba cifras de 3 dígitos (hasta 20 números) usando un ábaco imaginario; el que se sabía los 25.000 decimales del número PI (si, tiene 25.000!), el que dividía los números de las matriculas de los coches entre 9 y daba el resto (que no el resultado) en menos de 2 segundos (yo, en mi mente, no tenía ni tiempo de hacer el símbolo de la división!!).

Otra conclusión que he sacado es que los hombres (o sea, el sexo masculino) tienen mucho más tiempo para gilipolleces y para divagar que las mujeres. De las veces que lo he visto sólo he visto participar a una mujer (la del ábaco imaginario), y en la final, si no me equivoco, había solo una chica de entre al menos 20 finalistas. Aunque os digan que las cosas han cambiado mucho y que la mujer tiene las mismas posibilidades que el hombre, pamplinas, no os lo creáis. La mujer trabaja fuera, cuida a los niños, hace la lista de la compra, se acuerda de poner la lavadora, hace la comida, va a buscar al niño a judo… Por lo que no tiene tiempo para desarrollar ciertas “aptitudes” e ir a pasar la noche del viernes a los platós de Antena 3 durante varios meses (quien se quedaría con los niños? el padre? sólo? no fastidies!).

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Bar “dos en uno”

Ya es primavera, y no solo en el Corte Inglés, en las calles también. Hace sol, y calor. Las terrazas afloran, así como las chicas en minifaldas, shorts, camisetas… porque hay que decirlo, cómo se ponen las chicas en primavera (esto me dijo una vez mi profesor de prácticas del carné de conducir, y yo conduciendo, y nadie más en el coche, tuve miedito…).

Que me despisto. Aprovechando que ha hecho un fin de semana con un tiempo que no veíamos desde septiembre del 2012, hemos hecho un domingo “torero”, que viene siendo un domingo de esos que quedas a tomar un pinchos, previa visita cultural para engañarte a ti mismo y pensar que eres merecedor de unos vinos y tapas, seguido todo de unas copas de helado, gin-tonics, lo que se te antoje.

2x1 Bar dos en unoEn nuestro disfrutar del clima nos hemos topado con un bar “dos en uno”. ¿Qué no sabes lo que es? Es un concepto que existe desde hace un tiempo y que se va a poner muy de moda. Un bar “dos en uno” es aquel que tiene una terraza en la que no te puedes tomar lo mismo que si te sentaras dentro. O sea, en el largo invierno descubres un bar con pinchos ricos. Llega el sol y en vez de sentarte dentro te acomodas en la terraza para ir quitándote el color blanquecino que ha dejado el invierno en tu piel. Te pides tu caña (tamaño normal) y tu pincho preferido, y el camarero te dice muy amablemente que los pinchos de la barra no se sirven en terraza y que las cañas en la terraza son cervezas de un tercio Surprised En la terraza sólo se sirven pinchos de plancha, a precio de 2€ para arriba, o raciones que, ironicamente, salen de dentro del bar, del mismo sitio donde salen los otros. Pero tu pincho en primavera no puede ver la luz natural, no puede traspasar las puertas de la calle, está condenado a vivir siempre bajo la luz de la vitrina, en el mostrador de una barra, pobre…

Y así, los dueños tienen dos bares en uno. El bar de dentro, donde puedes tomar lo que quieras, incluidos los pinchos de plancha de 2€ o más (como véis, éstos gozan de más privilegios, esto es lo que yo llamo discrimación positiva); y el bar de la terraza, donde puedes tomar lo que el dueño decida, siempre y cuando esté entre lo más caro, que hay que hacer caja y cada vez hay menos consumidores.

Con ganas me he quedado de protestar. Mis amigos saben que soy aficionada a defender mis derechos, ó a recordar las obligaciones a los demás, según se mire. Pero me pudo el deseo de disfrutar del momento terraza. No descarto volver y montar un pollo Wink

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